Accesibilidad

La Ley Europea de Accesibilidad: qué debe saber una pyme catalana

La Ley Europea de Accesibilidad: qué debe saber una pyme catalana

Resum

Desde el 28 de junio de 2025, los requisitos de accesibilidad de la Ley Europea de Accesibilidad son exigibles a parte de las empresas. Te explico a quiénes pueden afectar y cómo empezar a revisar tu web.

La accesibilidad web ya no es solo una buena práctica o una cuestión de imagen. Desde el 28 de junio de 2025, determinados productos y servicios digitales de la Unión Europea deben adaptarse a los requisitos de la Ley Europea de Accesibilidad, conocida también como European Accessibility Act.

Ahora bien, eso no significa que cualquier pequeña web corporativa pase automáticamente a estar obligada en todos los casos. La clave es entender qué servicio ofreces, en qué sector trabajas y qué papel desempeña tu web en el negocio.

Por eso conviene estudiarlo con calma: ni alarmismo ni «esto no va conmigo».

¿Qué es la Ley Europea de Accesibilidad?

Es la norma europea que busca que determinados productos y servicios sean más accesibles para las personas con discapacidad. En España, esta directiva se ha incorporado principalmente mediante la Ley 11/2023.

Afecta sobre todo a servicios como el comercio electrónico, la banca, el transporte, las telecomunicaciones, los libros electrónicos y otros servicios digitales incluidos en su ámbito de aplicación.

Dicho de forma menos jurídica: si una persona necesita comprar, consultar, contratar o utilizar un servicio digital, ese servicio no debería ponerle barreras injustificadas.

¿A quién puede afectar?

Puede afectar a empresas y organizaciones que ofrecen determinados productos o servicios dentro de la UE, especialmente en ámbitos como:

  • el comercio electrónico;
  • la banca y los servicios financieros;
  • el transporte;
  • las telecomunicaciones;
  • los libros electrónicos;
  • los servicios digitales vinculados a productos o servicios regulados;
  • los servicios prestados o contratados en el ámbito público.

También hay que tener presente al sector público, que ya cuenta con obligaciones específicas de accesibilidad web mediante el Real Decreto 1112/2018.

La pregunta importante no es solo «¿tengo una web?». La pregunta adecuada es:

¿Forma parte mi web de un servicio que una persona debe poder utilizar de manera autónoma?

Si la respuesta es sí, merece la pena revisarla.

¿Y las microempresas?

La normativa contempla excepciones para las microempresas que prestan servicios. En general, hablamos de empresas con menos de diez personas y un volumen de negocio o balance anual que no supere los dos millones de euros.

Pero cuidado: que exista una excepción no significa que la accesibilidad deje de tener sentido. Una web accesible suele ser más clara, más fácil de usar, estar mejor estructurada y causar menos frustración a todo el mundo.

Eso también beneficia al negocio, aunque no haya una obligación legal concreta en tu caso.

Régimen sancionador

El régimen sancionador depende del sector, de la normativa aplicable, de la gravedad del caso y de la administración competente.

En términos prácticos, no conviene esperar a que el problema aparezca cuando ya existe una reclamación, una licitación, una subvención o un cliente importante que pide garantías.

En Arrelam no hago valoraciones jurídicas. Lo que sí puedo hacer es revisar la parte técnica de la web, detectar barreras, establecer prioridades y entregarte un informe claro de lo que hay que corregir.

Si necesitas saber exactamente cómo se aplica la normativa a tu caso, consulta con un abogado especializado.

Por dónde empezar

1. Evaluar el estado actual de la web

El primer paso es saber dónde estás. No basta con una impresión general: hace falta una revisión mínimamente rigurosa que incluya, al menos:

  • contraste de color;
  • navegación con teclado;
  • orden de los encabezados;
  • textos alternativos;
  • formularios;
  • errores y mensajes de ayuda;
  • botones y enlaces;
  • comportamiento en dispositivos móviles;
  • compatibilidad básica con lectores de pantalla.

Herramientas como Lighthouse o axe ayudan, pero no son suficientes. Obtener un 100/100 en Lighthouse es una buena señal, no una certificación de conformidad con las WCAG.

2. Preparar una declaración o un informe de accesibilidad

En algunos contextos puede ser útil contar con una declaración de accesibilidad o, como mínimo, con un informe técnico que explique:

  • qué se ha revisado;
  • qué páginas forman parte del alcance;
  • qué herramientas se han utilizado;
  • qué pruebas manuales se han hecho;
  • qué incidencias se han detectado;
  • qué limitaciones tiene la evaluación;
  • qué mejoras quedan pendientes.

Esto no sustituye a una certificación externa acreditada, pero aporta orden y permite seguir el trabajo realizado. Cuando llega el momento de corregir, sabes por dónde empezar.

3. Dar prioridad a las correcciones que más importan

No todo tiene la misma urgencia. Primero hay que abordar lo que puede impedir utilizar la web:

  • un formulario que no se puede completar con el teclado;
  • un botón sin nombre accesible;
  • un contraste insuficiente que dificulta la lectura;
  • mensajes de error que no explican qué ha sucedido;
  • menús que atrapan el foco;
  • documentos PDF esenciales sin una alternativa accesible.

Los ajustes de detalle vendrán después. Lo primero es que la web se pueda utilizar.

4. Mantener la accesibilidad en el tiempo

La accesibilidad no es una foto fija. Puedes revisar la web hoy y volver a introducir barreras mañana con una plantilla nueva, un plugin, una imagen sin texto alternativo o un formulario añadido deprisa.

Por eso es preferible establecer una rutina:

  • revisar los cambios importantes antes de publicarlos;
  • mantener una lista básica de comprobaciones;
  • hacer auditorías periódicas;
  • dar una formación mínima a quienes editan el contenido;
  • documentar las incidencias y las correcciones.

Puede parecer poco vistoso, pero funciona. Como casi todo lo que sostiene una web bien hecha.

Lo que he aplicado a mi propia web

En Arrelam he seguido esta misma lógica: pruebas automáticas, revisión manual con teclado, comprobaciones de contraste, estructura semántica e informe técnico de evaluación.

El resultado es una web trabajada conforme a criterios WCAG 2.2 A/AA dentro del alcance revisado, sin presentarlo como una certificación externa.

La diferencia importa: una cosa es hacer una revisión técnica honesta y documentada; otra, vender un sello que no tienes. Puedes consultar el informe técnico de evaluación WCAG 2.2 A/AA para conocer la metodología.

¿Para cuándo?

Si tu negocio está dentro del ámbito de aplicación de la normativa, no lo dejaría para el último momento. Revisar una web con calma suele salir mejor que repararla con prisas.

Tampoco hace falta empezar por una auditoría enorme. Lo más práctico es hacer un primer diagnóstico, detectar los problemas principales y decidir qué conviene corregir antes.

Siguientes pasos

Si tienes una web corporativa, una tienda online o un servicio digital y no sabes si la accesibilidad te afecta, el primer paso es sencillo: revisar el estado actual de la web.

A partir de ahí podrás decidir si necesitas una revisión técnica completa, un informe de accesibilidad o solo corregir algunos puntos concretos.

No hace falta complicarlo más de lo necesario, pero tampoco conviene mirar hacia otro lado.

¿Quieres saber si tu web está preparada?

Puedo hacer una primera revisión técnica y decirte qué es urgente, qué puede esperar y qué no hace falta tocar. Solicitar una revisión de accesibilidad.

— Marc Rodríguez

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